viernes, 16 de marzo de 2007

¡Qué envidia!

Envidia, sí. Dicen que sentirla es malo, aunque si la disfrazas con el adjetivo "sana", parece que la cosa no es tan grave... Pues no: yo sentí envidia con todas las letras y sin suavizante. Me habría cambiado por el último mono que estuvo entrenando el jueves en Tetir. 19 jugadores conté, más los entrenadores, un lesionado y el aguador (servidor). Lo nunca visto: flacos (menos Tino) por un lado y gordos (menos Román y alguno más) por otro. ¡Ay, mi reino (en este caso, presidencia) por unas caderas en condiciones!

Por eso, por esta envidia que me corroe por dentro cuando veo una práctica como la de ayer, no entiendo que haya gente que le haya picado el gusanillo del rugby y no se muera por entrenar, por chocar, por placar, por correr, por fintar (lesionados en la rodilla abstenerse)... yo qué sé. Y no comprendo que, igualmente, no se muera por jugar de cualquier manera, como sea, en el puesto que sea,...

Equipo, señores, equipo. "¿Dónde me necesita el equipo? ¿De presidente-aguador-secretario? Amén, pues"

PD: se está formando una línea que nos puede dar muchas alegrías... A ver si mañana le damos un susto a Ñandú...

1 comentario:

medio medio dijo...

pues no me queda que esperar mañana y sufrir para los amigos guerreros que van a la lucha!!!! fuerza mahohhhhh